Amantes

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Bastante promiscua y casi pecaminosa es la relación que siempre han mantenido periodismo y literatura. Esa es la pura verdad. Una relación tan tormentosa como rentable, de eso no cabe la menor duda.
La prensa ha sido siempre considerada la musa plebeya, la hija bastarda de la madre Literatura. La literatura como un lujo al alcance de unos pocos, mientras que el periodismo nace de la necesidad convirtiéndose en un bien social.

Pero bien es cierto que una minoría inmensa, jamás le ha quitado al periodismo lo que tiene de literario, cuando está bien hecho, porque en última instancia no porque un texto figure entre pastas gruesas debe ser considerado literatura y viceversa: calidad y belleza deben ser características intrínsecas de un buen artículo periodístico.

Yo soy redactor”, firmaba irónico Mariano José de Larra uno de sus célebres artículos, intentando paliar un debate absurdo que venimos arrastrando desde el inicio de los tiempos. Un Larra que creyó en los medios técnicos a su alcance (salvando las distancias y los siglos) para darse a conocer, para transmitir su verdad: teatro, novela, artículo. Daba igual: tan sólo eran formas para un mismo contenido que necesitaba con urgencia ver la luz. El hoy considerado mayor representante del romanticismo y fundador en nuestro país, murió sintiéndose periodista.

Un siglo antes escribía Montaigne "Quiero que se me vea en mi forma simple, natural y ordinaria, sin contención ni artificio: porque soy yo mismo el que me pinto". Y es así como definió su quehacer. Una ya célebre denominación que estudian con igual ahínco futuros filólogos y periodistas con el nombre de ensayo.

Y es que no se trata de géneros propios o ajenos, ni de nomenclaturas absurdas que sólo ahondan en diferencias en lugar de apostar por las similitudes: periodismo literario, literatura periodística, ensayo, reportaje literaturizado, crónicas culturales... El premio Nobel Octavio Paz ampliaba la polémica, señalando que “El periodismo, la novela y la poesía son géneros literarios distintos, cada uno regido por su propia lírica y estética”. Esto me lleva a replantearme las palabras que hace más de 50 años pronunciase Acosta Montoro "El periodismo es la historia del presente y la literatura es el periodismo del pasado”. De este modo entendido periodistas del ayer son considerados literatos del presente: William Faulkner, Ernest Hemingway, Norman Mailer, Truman Capote, Tom Wolfe… A los que habría que sumar otro tantos en activo que lo mismo ganan un premio Planeta que se plantan y te escriben un articulo de opinión sobre la crisis económica.

Cuando me planteé realizar esta reflexión, una de mis principales motivaciones era encontrar las motivaciones que llevaron a una serie de estudiantes de periodismo a poner en marcha este blog de literatura. Así que me pregunté ¿entonces dónde termina el periodismo y dónde comienza la literatura? Sólo el lector tiene la clave.
Por: Ana Costa

4 comentarios:

Rosario dijo...

¡¡¡Muy bueno!!! Genial!!! ENHORABUENA!!! :p

AS Capel dijo...

Me ha gustado mucho, de verdad. Que bonito lo de los géneros solapandose, la fronteras borrosas... Así da gusto tener compis de bitácora.

Raquel dijo...

Buena reflexión, pero como estudiante de periodismo que soy, creo que esta carrera y este oficio es solo para los que aman la literatura. A menos que quieras ser periodista deportivo, claro...

Anónimo dijo...

Claro, como todos sabemos es incompatible, imperativo genético mediante,que los peridistas deportivos amen o degusten timidamente siquiera algo de literatura. Es evidente...
Gracias por el aviso, estaba en peligro. Ahora ya sé que tengo que elegir: Zidane o Shakespeare, Phels o Dante, el Marca o LEM. Gracias.

Por cierto, el artículo me ha gustado mucho.