Californication, o el bloqueo del escritor

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Californication es una de las series más comentadas del último año. Normalmente suelen salir a colación dos aspectos de la misma: las escenas de sexo o la carismática interpretación de David Duchovny. Pero lo que suele soslayarse a favor de lo más “impactante” es el verdadero argumento de fondo de la serie: la pérdida de la inspiración.

Hank Moody (David Duchovny) es un escritor que atraviesa una crisis personal y profesional derivada de haber perdido a la única mujer que ha querido en su vida. Para Moody su esposa no sólo era la persona que definía su vida mundana, también era su musa. Ella era el motor que le impulsaba a escribir, que le daba ideas, que le motivaba a explorar los entresijos del alma humana. Sin ella, el escritor se encuentra indefenso ante la maldición de la página en blanco. Nada tiene que decirle a la pantalla de su ordenador. Y cuando acepta reluctante algún trabajo alimenticio, lo hace sin la pasión y la entrega necesaria para alcanzar sus propios estándares de calidad. Lo que escribe es tóxico, porque le falta su catalizador.

Durante la primera (y por el momento) única temporada de Californication, el personaje de Duchovny lucha por llenar ese vacío. Notoriamente lo hace mediante el sexo y los ligues casuales, que intentan arrojar algún sentido (carnal, sudoroso, erógeno) al hueco que han dejado sus sentimientos. No es el mismo tipo de pasión, y finalmente se revela inane para sus propósitos, pero al menos sirve para maquillar el hastío y la desesperanza cotidianas. Y sin embargo, ahí permanece ese folio sin caracteres acusándole de sus errores pasados y declarando su falta de ingenio presente. Y por eso, pese a la futilidad aparente de sus intentos (demasiado poco, demasiado tarde), se esfuerza también por recuperar a la mujer que lo supone todo para él.

Puede parecer una lucha egoísta y superficial. Pero para un escritor, para alguien que vive para escribir, su obra es algo indisoluble de sí mismo. Recuperar la inspiración es volver a sentir que la vida tiene algo que ofrecer, y que uno puede darle a cambio. La musa particular de cada uno puede adoptar muchas formas: una persona, un suceso, un deseo, un objeto, una ideología… A veces, pero no con mucha frecuencia, puede ser más de una cosa. Pero siempre, siempre hay algo que impulsa al escritor a plasmar sus ideas sobre el papel o el teclado. Incluso a los aficionados, como los visitantes de este blog. Y es que si no hay nada ahí dentro, ¿para qué escribir?
Por: Pepe Hernández

12 comentarios:

Anónimo dijo...

valía la pena quedarse hasta tarde para ver cali-fornication, y no sólo por ver cumplidas fantasías adolescentes (sí, era una friki de expediente x, qué pasa)

ante todo apoyo lo que dice el sr.hernández, que todo lo q dice es por algo. puede que la falta de inspiración sea algo más que estar en "dique seco", y que sea una señal de que ya no hay tanto que oferecer..

pensaré en ello mientras me tomo una docena de nolotiles.

Anónimo dijo...

Me temo que tengo una visión mucho más prosaica del oficio... Mi mayor musa es un tipo que cada semana, inexorablemente, me pide que le entregue material. Da igual si he estado o no brillante, si me gusta más o menos lo que he escrito o si me ha caído un rayo encima. Bien es cierto que trabajo para un medio que no te permite pararte a conversar con la inspiración; como mucho puedes enviarle un sms para mandarla a paseo por no aparecer cuando más la necesitas ;)

Un abrazo y gracias por seguir ahí. Estáis haciendo un excelente trabajo y siempre es un placer leeros.

Mauricio Rey dijo...

Estimados colegas,les escribo para felicitarlos por su blog.Éste artículo en particular,es una muestra de cómo aquel que escribe necesita tener algo que lo impulse a hacerlo,aunque muchos crean que las musas quitan seriedad al escritor;creo que no es asi,por ejemplo mi musa es la belleza que se esconde en la tristeza.Los invito a visitar mi blog:poemascasigrises.blogspot.com


P/D:Les envio un saludo desde Santiago del Estero.Argentina

Anónimo dijo...

"Y es que si no hay nada ahí dentro, ¿para qué escribir?"

Por dinero.

Vamos, lo tengo clarísimo.

Any_Porter dijo...

Me ha matado el último comentario...

En fin...

Para mí las musas son esas hijas de puta que salen corriendo cada vez que te acercas a ellas con la pluma goteando tinta en la mano... De todas formas, la inspiración aparece a intermitencias y es suficiente si sabes aprovecharla...

Un artículo genial, Pepe. Un saludo.

Anónimo dijo...

Partimos de la base de que lo normal es que, al desempeñar un oficio, te paguen. Eso pasa con el escritor, el informático, el panadero, el pintor o cualquier hijo de vecino. Es tan antiguo como la propia literatura, de Séneca a Auster.

Shakespeare escribió algunos de los sonetos más hermosos de la historia inspirándose en el señor que le pagaba las facturas. El concepto de trabajar por amor al arte es ciertamente muy romántico.

A mí me encantaría ser una noble ociosa como Byron o una rica burguesa como Shelley para poder escribir única y exclusivamente lo que me saliese de la pluma. Pero desafortunadamente, mi estómago se empeña en comer... Lo tengo mal acostumbrado.

Y en el fondo, aunque sea demasiado pragmático para nuestros corazones soñadores, ¿no aspiramos todos a vivir de lo que escribimos?

Insisto: hablo desde una perspectiva muy particular. No he publicado un libro en mi vida, ni tengo intención de hacerlo. Quizá en el mundo editorial las reglas sean distintas.

Me parece interesante el debate. ¡Un saludo a todos (de nuevo)!

Anónimo dijo...

No, que a lo peor se me ha entendido mal:

Yo escribiría por dinero. Cualquier cosa. Falsearía libros de historia, calumniaría, ofendería a cualquier confesión... Yo no hablo de sonetos, yo hablo de sucio y abundante dinero.

Y luego ya con la vida resuelta me dedicaría a componer poemas:

"Eres mi música"
"Tu alma y mi alma juntas en la playa"
"El amor de los amantes"
"Balada de amor"
"Me gustas más que el choripan"
"LLorando de amor"

Cosas así, de hombre de letras maduro.

Es que soy un vendido sin ningún respeto por el arte.

Un poquico de humor y correa, por favor...

José Hernández dijo...

Bueno, es que una cosa es "escribir" y otra "Escribir". Lo primero lo puede hacer cualquiera en cualquier momento, por dinero, por obligación o porque sí. Basta con dominar la lengua y tener/buscar un tema. Lo segundo tiene que salir de dentro, o si no uno se siente vacío y vendido.

Vendría a ser la diferencia entre trabajo y arte.

Ramiro Sanchiz dijo...

Muy buena idea escribir sobre Californication,que me parece una gran serie. Hank Moody es uno de los pocos escritores "reales" que se han visto en la pantalla.

Anónimo dijo...

Trabajo y arte: ese es el quid de la cuestión. ¿Escribir es un arte? Para mí se parece mucho más a un oficio artesanal. O eso me gusta pensar.

Pulir las palabras como un cantero la piedra, o encajar las pequeñas piezas de la estructura como un maestro relojero; mezclar los ingredientes de la trama para que fermenten, como un panadero, o buscar la mejor madera del bosque para construir mis personajes, como un luthier. Yo no quiero ser artista; quiero ser artesana de las letras, escritora en minúsculas (y bien orgullosa de ello).

A todo esto, hay segunda temporada de Californication y acaban de renovar una más. Así que tenemos a Hank para rato...

Jona Lorenzo dijo...

La serie ya lleva varios capítulos de la segunda temporada.

Eso sí, están en el idioma de Shakespeare (con subtítulos para quien lo requiera).

Miradlo en Internet, os aconsejaría seriesyonkis.

Un saludo

Anónimo dijo...

-"Y es que si no hay nada ahí dentro, ¿para qué escribir?"

Por dinero.-

Comentáis más arriba.
Y por cojones, podríamos añadir, y por sexo, y por qué no? y así hasta el infinito o más allá.
La cuestión es que la pregunta no me parece bien planteada. Yo la reformularía así: Y es que si no hay nada dentro, ¿CÓMO escribir?
Es imposible, si no hay nada dentro no se puede, no se puede Escribir(con mayúsculas, como dice Pepe). Lo bueno es que siempre suele haber algo dentro, y si es mierda mejor,todos lo sabemos...

Arte u oficio? Los que crean que es un trabajo, y consigan ganarse las habichuelas con las palabras,siempre serán aquello en lo que trabajen. Los otros, probablemente no serán nada, curren en lo que curren. Pero se creerán artistas, o pseudoartistas, o escritores de mierda. El valor y las consecuencias de todo esto no entro a juzgarlo(porque no podría, no sabría)Que cada cual arree con sus musas vejadas, sus miserias colgantes y lo que se le ocurra, para poder sobrevivir al escritor que se piensa.

Me gustaría añadir que nadie elige escribir, simplemente le sucede a uno. Y ahí es cuando te das cuenta de que estás jodido, porque sólo tienes dos opciones: o eres un genio o no. Si no lo eres estás muy jodido, y si lo eres también.