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Sigue tranquilo, amigo Chusé

martes, 3 de marzo de 2009

Los libros de una casa vieja, de un rastro, o de una pequeña librería escondida del corazón de la urbe, tienen algo especial, son algo similar a los amores (quiero decir relaciones) de verano. Tienen algo único (¿mágico?) que los distingue del resto, y esto es una de tantas leyes no escritas que, al parecer, la gran mayoría aceptamos. Es la intrahistoria (palabra cautivadora donde las haya, niéguense o no) del objeto la que nos seduce irremediablemente, la que nos hace imaginar, elucubrar, en pos de la magia extraviada. Esa magia nos contagia si la tocamos, la saboreamos, la pensamos. Durante ese tiempo nos creemos partícipes de ese espíritu misterioso y emocionante otorgado al libro, que, a diferencia de otros, tiene alma, y lo mejor es que estamos convencidos de que aquel que lo lee la está palpando, descifrando en cierta medida su secreto. Acariciar el alma de un libro probablemente sea esencial si se pretende ser avanzado en neo-gafapastismo (si, seguro que ya existe), romanticismo esquizoide y cursilería, o quizá, simplemente, sea necesario para seguir adelante con un poco más de aliento. Creer es imprescindible.

Chusé Izuel es el autor de uno de esos libros. Una noche, mientras rebuscaba por la estantería algún texto que pudiera solucionar el momento, rescatarme de mi mismo, mi hermano, que por aquel entonces trabajaba en la biblioteca cuasi-perdida de un pueblecito, llegó y me dijo que tenía algo para mí. Me mostró varios libros. Todos estaban inertes en la biblioteca, él los rescató de la angustia de la inanición, amparándose en que nadie repararía en ellos en los próximos siglos, y con la noble misión de saciar mi vicio como coartada ante su conciencia. Acogí su regalo con gusto y cierto entusiasmo, infectado de curiosidad pueril. Eché un vistazo, contrariado por la capa de polvo de aquellos textos hurtados por solidaridad fraternal: Antología poética de A. Machado; “El libro de los días y del cansancio” de Ginés Jiménez (poeta nacido en Bullas, Murcia); y “Todo sigue tranquilo” de Chusé Izuel. Machado resultaba demasiado universal, demasiado clásico (un lobo…), y no me apetecía saber nada de días y de cansancio, me sonó demasiado familiar. Así que descarté la poesía (la cual, ahora, recomiendo). Acto seguido, descubrí que Chusé Izuel nació en Zaragoza en 1968 y murió en Barcelona en 1992, fue colaborador en varios diarios regionales. Veinticuatro años… un tono triste me rozó los oídos, como una sombra fugaz. Seguí leyendo.
Todo sigue tranquilo” es una recopilación casi íntegra de sus relatos, que quedaron inéditos a su muerte. Al parecer, su hermana y ciertos allegados consiguieron este homenaje póstumo y literario. Tenía en mis manos sus textos, las pinceladas de trazo leve del reflejo de su esencia, pues no son otra cosa. Una historia interesante.

Sus relatos son fragmentos de vida, están salpicados de esperanza y miedo, un temor enmascarado, latente, empapados de una ansiosa y urgente pulsión, que no llega a aflorar del todo en ningún momento del relato (lástima). Izué intenta desmenuzar su realidad, o enmarañarla, quién sabe. Habla de sexo, de alcohol y cosas que fumar, de cariño y de soledad, y de más sexo, y otra vez de soledad. No tiene pelos en la lengua, es una juventud fotografiada a ráfagas de tinta y enfado trascendental. Son trocitos de verdad, su verdad.

Es un libro que está a años luz de ser imprescindible. Quizá no sea divertido, ni apasionante, ni intrigante, ni ingenioso, y puede que ni siquiera sea un buen libro (eso lo deben descubrir o decidir ustedes). Pero es un libro que tiene algo. Nunca lo recomendaré a un entendido en letras, ni lo ensalzaré ante oídos ajenos, pero cuando busque hacerme el interesante (incluso seducir), cuando quiera crear un clima íntimo, confidencial, cuando busque una conversación unidireccional, cuando quiera que los instantes duren un poco más, que lo agridulce del meollo (que diría un poeta muerto) sea más agridulce, hablaré de él, contaré la historia que le subyace, que nos une tímidamente. Y seguro que terminaré charlando un poco sobre Chusé, de la vida, del amor, del sexo y de la soledad, de mi vida. Y Chusé Izuel participará desde donde quiera que esté de nosotros, de ese momento, porque su libro tiene algo.

Puede que me equivoque, pero existe un momento en la vida, sólo un momento, en que somos conscientes de que somos genios o enamorados. La cuestión es sencilla, ridícula. O una cosa u otra, imposible ambas. Y cuando ese momento llega tenemos la vaga certeza de que arrastraremos nuestra carga, sea la que fuere, hasta el final de los días. Yo superé ya el momento. Sé que nunca alcanzaré las cimas de la genialidad y, lo más abrumador, acongojante aún, sé que el momento del amor se escurrió entre mis dedos para siempre. Así, ni tengo nada ni espero nada.

Por: Antonio Lucas

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De profundis: anatomía del dolor

viernes, 20 de febrero de 2009

Donde hay Dolor, hay terreno sagrado.
Algún día comprenderás lo que esto significa.
Hasta entonces, no sabrás nada de la vida

El 15 de noviembre de 1909, Robert Ross depositaba una carta manuscrita en el Museo Británico, bajo condición de que su contenido íntegro no se hiciese público hasta 1960. Eran veinte pliegos de color azul con el sello real en la parte superior, escritos por el recluso C.3.3. de la Prisión de Su Majestad en Reading. Un documento que acabaría por convertirse en el testamento vital de Oscar Wilde.

Condenado a dos años de trabajos forzados y sometido al escarnio público, el que fuera una de las figuras más influyentes de su tiempo lo había perdido todo de la noche a la mañana: su familia y sus amigos, su salud y su fortuna. Su nombre. Su dignidad.

De profundis es un angustioso mensaje dirigido al amante de Wilde, Lord Alfred Douglas (“Bosie”), responsable en mayor o menor medida de su caída en desgracia (su padre, el marqués de Queensberry, acusó públicamente a Wilde de pervertir a Douglas). El autor irlandés elabora un desesperado alegato repleto de melancolía, rencor y amargura, en donde cada “palabra es como el fuego o el escalpelo del cirujano, que hace arder o sangrar la carne”.

Quizá De profundis sea formalmente inferior a la célebre Balada de la cárcel de Reading, pero presenta algunos de los pasajes más conmovedores de la obra de Oscar Wilde. Porque incluso entre el Dolor es capaz de encontrar la Belleza. Como en uno de mis fragmentos favoritos, en el que recuerda una anécdota protagonizada por su camarada y albacea literario, Robert Ross. Una de las representaciones más hermosas de la amistad que he tenido el placer de leer.

Cuando, entre dos policías, me trasladaron de la cárcel al Tribunal de Cuentas, Robbie me esperaba en aquel largo y sombrío corredor. Al verme pasar con la cabeza baja y las manos esposadas, me saludó respetuosamente quitándose el sombrero. Por menos que eso muchos se han ganado el cielo. Lo hizo delante de la multitud, y con un gesto tan dulce y sencillo que la redujo al silencio. (…) Nunca le he dicho a Robbie una palabra acerca de lo que hizo y hasta hoy no sé si él se dio cuenta de lo que su gesto significó para mí. No es algo que pueda agradecerse con palabras. Lo guardo entre los tesoros de mi corazón. Lo conservo allí como una deuda secreta y me alegra saber que nunca podré pagarla”.

Por: Lidia Fraga

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¿Quién teme al lobo feroz?

miércoles, 18 de febrero de 2009

Las estadísticas hablan por sí solas. La mayoría de jóvenes españoles no vuelve a leer un libro (no contemporáneo) después de realizar la temida selectividad.

Seguramente en esta cuestión todos tenemos mucho que decir. ¿Qué libros recomendamos? ¿Con qué criterios? Bueno, pongámonos un límite, 18 años, ¿cuáles serían las lecturas que deberían haber pasado por nuestras manos antes de llegar a esa edad?

Si nos ponemos a escoger, preferimos deborar un bestseller y olvidarnos de los ¿mal llamados? clásicos que se nos antojan llenos de polvo, de páginas y páginas repletas de expresiones obsoletas y de mucho aburrimiento.¿ Es que todo lo publicado ayer, como parecen vendernos las editoriales, ha preescrito?

Uno de los retos con los que se enfrentan educadores y crítica literaria(parece imposible poderlos unir en la misma frase) es redefinir la manida noción de clásico y por qué no, también la de Bestseller. Los hoy considerados pilares de la literatura nacional de la mayoría de los países europeos fueron bestseller de su tiempo que se publicaban en periódicos por entregas. Que se lo pregunten a Dickens, Balzac o a nuestro Galdós. Si nos remontamos a la antigua Grecia La Iliada y La Odisea fueron poemas populares antes de que Pisístrato los impusiera en todas las escuelas para martirio de los niños atenienses y qué decir de El Quijote que fue un bestseller antes de volverse un clásico.

"Los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes..." (Quijote, II-III).

Pero parémonos a reflexionar; no se trata tampoco de reinvidicar ni pasados escritos ni futuros inciertos. Bien es verdad que hay toda una serie de libros que contienen y guardan las huellas conocidas y deconocidas que hemos ido heredando todos, sin execepción, de forma incosciente. Es tan cierto como triste que muchos estos libros que acompañaron en su infancia y juventud a nuestros padres y abuelos hoy sólo sean conocidos por sus adaptaciónes cinematográficas; Andersen, Dickens, Defoe, Kipling, Perrault, Grimm, Twain, Carroll, Swift, Collodi, Barrie, Stevenson, Salinger, Poe, Monterio Lobato, Quiroga, todos versionados(¿ o mejor distorsionados?) por la industría del cine y muchos de ellos endulzados y sazanados en igual medida por la factoría Disney. Porque lo sepamos o no, a Caperucita Roja se la comió el lobo y lo que Perrault quería realmente era dar una lección a todas las jóvenes que entablan relaciones con desconocidos, deslizándose el carácter sexual que somos incapaces de percibir en las versiones infantiles actuales.

Y es que el acierto(magia) es precisamente ése: una buena historia no se agota y es capaz de adapatarse a cualquier formato sea cuál sea ; en este sentido traigo a colación la definición de clásico citando a un clásico: libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.(Calvino). El otro día un académico, de cuyo nombre no consigo acordarme, brindaba una particula, sincera y relista visión del concepto que nos ocupa: “un clásico es un libro que todo el mundo cita, sin que nadie piense seriamente en leerlo. Digámos que es un lobo que acecha desde la estantería de nuestro salón”.
Por:Ana Costa

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El (no tan) saludable futuro de la distopía (I)

lunes, 2 de febrero de 2009


Amigos lectores de Letras Inglesas: me permito pervertir el título de aquella primera colaboración de mi compañero Ramiro Sanchiz en la que tan alegremente paseaba por las ucronías o historias alternativas en pleno rapto pastoral para ofreceros desde mi infinita maldad una visión sombría de lo que nos espera. Porque dice el refrán que hombre precavido vale por dos y que cuando veas las barbas de tu vecino cortar pongas las tuyas a remojar, y ¿quienes somos nosotros para desoír los sapientísimos consejos del pueblo? Recién llegado de Londres, donde se hace más evidente que en España, tengo aún más presente la paranoia y el estado de tensión constante que algunos aprovechan para atarnos en corto sembrando miedo: esos cartelitos de “Denuncie cualquier tipo de conducta sospechosa” y “Sonría, está siendo usted grabado por cámaras de circuito cerrado” me provocan un escalofrío que me repta por la columna y anida en los pelitos de la nuca, buscando refugio ante el panorama que se ve venir. Vamos de cabeza hacia una distopía de libro, y nunca mejor dicho.

El género de la distopía, esto es, la anti-utopía, cuenta con gran tradición y predicamento entre las letras inglesas. No en vano las obras cumbre que podemos considerar que han definido los lugares comunes de estos apasionantes ejercicios de ficción futura que suelen incluir susto y muerte han sido producto de británicos de pro; véase como ejemplo aquella temprana La máquina del tiempo de H.G.Wells, vigorosa (a la vez que tintada de la tan común inocencia victoriana) inauguración del género. Las distopías son a menudo tan proféticas y certeras que es humano sentir que lo que se lee ya está en marcha, atenazándonos por lo que viene a ser un palmo más abajo del ombligo. Así que por lo menos nos vamos a poner a repasar esas obras clave para que cuando llegue el día estemos preparados y dispuestos para lo que se tercie: ya sea pasarnos al lado malo o buscarnos un huequito en el que meter la cabeza.

¿A alguien más le parece que esto que nos venden de la globalización y el buen rollismo nos va abriendo brecha para un modelo de estado mundial como el que propone Aldous Huxley en Un mundo feliz? En esta obra, por si no habéis tenido el enorme placer de leerla, se prevé la destrucción total de la diversidad cultural, el arte y la imposición de uniformismo por un estado mundial de castas que cuenta con el apoyo del feliz entumecimiento inducido mediante el uso cuasi obligatorio de soma. Es la constatación de cómo el Fordismo llevado al extremo puede adquirir estatus de semi-religión y regir nuestras voluntades: hacernos consumir para ser útiles, para encajar en el sistema de producción. Y la verdad, estando en rebajas y escuchando al presidente de la nación animándonos a gastar, tengamos o no, para que funcione la maquinaria, uno se siente otro Bernard Marx.

Por otra parte no hay más que hablar con uno de nuestros adorables quinceañeros- y generalizo porque me apetece- para descubrir que no estamos tan lejos de lo que Farenheit 451 (Ray Bradbury) profetiza. Ya podemos experimentar un mundo de masas insensibilizadas, cultura en extinción y noches peligrosas a merced de idiotas que si bien aún no juegan a atropellar a la gente si han empezado por lo de dar palizas y quemar indigentes para grabarlo con esos preciosos teléfonos con GPS, cámara de tropecientos megapixels y rayos laser. Con la censura como tema clave, nos enseña que eso de la quema de libros que pensábamos extinto sigue en boga y no presenta signos de debilidad. Para nuestros líderes, y permitidme sonar panfletario, la cultura, el sentimiento y el libre pensamiento son amenazas tan peligrosas como para el gobierno del bienestar de Farenheit 451. Curiosamente, la propia edición de esta obra fue censurada. Más tarde, Truffaut la llevaría al cine eligiendo lo que a mi entender es el atuendo futurista más absurdo de la historia de la ciencia ficción. Esas chichoneras, François…

Con muchísima pena tengo que pasar de puntillas sobre La naranja mecánica (Anthony Burguess) y ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick), tan enormes como sus conocidas adaptaciones cinematográficas (la obra de Kubrick y el Blade Runner de Ridley Scott). De nuevo la violencia sin sentido, la separación en castas… como digo, universales del genero distópico que se hacen cada vez más presentes. Se ha de destacar además de La naranja mecánica el tremendo esfuerzo de estilo de Burguess; la creación de una jerga juvenil, la manera de definir al grupo de jóvenes y su complementación bajo el mando de un Alex de Large… Disculpas, jefe Masa, que me paso de extenso.

(... ... ...)
Por: Antonio S. Capel

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El testimonio de Carlos Morla Lynch

miércoles, 28 de enero de 2009

A pesar de hallarnos hoy en una época abrumada por la presión del best-seller y el abandono de la Literatura clásica, nadie puede negar la calidad de grandes maestros como Rafael Alberti, Luis Cernuda o Federico García Lorca; tres miembros destacados de la llamada Generación del 27, la Edad de Plata de la Literatura española, época de las tertulias de intelectuales, las revistas literarias y la veneración a los autores del 98 (Machado, Juan Ramón Jiménez, Unamuno…). Una generación que surgió con el acto de homenaje a Góngora celebrado en el Ateneo de Sevilla en 1927, y que fue cruelmente arrancada al finalizar la Guerra Civil con el triunfo de Franco. Con la distancia que otorgan los años, hoy sus nombres se han elevado hasta la cumbre de los manuales de Literatura, alcanzando una lejana inmortalidad.

Carlos Morla Lynch (1885-1969) fue cónsul chileno en España durante la II República y la Guerra Civil, y en su casa madrileña celebró tertulias con todas las figuras destacadas de la época; desde políticos como Manuel Azaña, el Capitán Iglesias o el Conde de Romanones, pasando por pintores, músicos, escritores (Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Gabriela Mistral…); etc. De todos ellos, Federico García Lorca fue para él más que un amigo, casi un hermano, que acudía a su casa de forma espontánea y a cualquier hora.

En sus diarios íntimos, Carlos Morla relata con detalle la vida cotidiana de aquellos días, ofreciéndonos un interesante acercamiento a todas las personalidades del siglo XX que, hasta ahora, no veíamos más que como nombres dorados en un manual de Historia o Literatura. Con magistral capacidad para captar detalles y sensaciones, Morla nos describe la simpática ingenuidad de Altolaguirre, la energía y seguridad de Azaña, la melancolía y el complejo carácter de Cernuda… y, sobre todo, la vitalidad, el duende, la magia que desprende Federico. Su terror a la muerte, sus grandes dotes de orador, su habilidad para fascinar a todo el que lo conoce.

En España con Federico García Lorca reúne fragmentos de los diarios de Morla desde el final de la dictadura de Primo de Rivera hasta el comienzo de la Guerra Civil, cuando tiene noticia del brutal asesinato de García Lorca. Tras las ediciones censuradas de 1957 y 1958, llega por fin una edición definitiva en la editorial Renacimiento. Aconsejo fervientemente su lectura, pues es un recorrido por la historia española del s. XX.
Por: Marina Casado

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Carlos Ruiz Zafón

jueves, 8 de enero de 2009

Tras la encuesta realizada en este Blog durante los últimos días de 2008, y después de muchos votos (en realidad pocos, pero la frase adorna), los usuarios y lectores de este lugar han decidio que el AUTOR de 2008 sea:

Carlos Ruiz Zafón

Supongo que quienes le hayan votado, verán que efectivamente este autor catalán es el mejor y mayor representante literario del pasado año. A otros tantos (entre los que me incluyo), les parece que Ruiz Zafón no es más que el coletazo de un best-seller de la calidad de La sombra del viento. Dicho sea de paso que actualmente estoy inmerso en la lectura de El juego el ángel, y ciertamente no me está desagradando.

Pero como el pueblo es soberano, pues desde aquí rindamos un merecido homenaje a Ruiz Zafón, quien ha sabido llevar muy lejos y ponerlas en un digno lugar a las letras españolas.

Se le puede discutir su mejor o peor calidad, pero lo que no se le puede negar al autor baecelonés es una asombrosa facilidad para vender libros. Y después de todo, eso algo significará...

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Abriendo boca con Bukowski

lunes, 24 de noviembre de 2008

Ahora que va entrando el frío (y a veces incluso la niebla) y mi Murcia parece haberse convertido en Londres 11 de noviembre de 1850, hasta el punto de que uno dobla las esquinas esperando encontrarse un Jack el Destripador, un Oliver Twist o un Pip camino a la city, me ofrece el jefe de este cotarro un hueco para que me ocupe de lo que ha dado en etiquetar ‘letras inglesas’. Menos mal que se me explicó a fondo, que yo ya tenía pensado dedicar mi primera entrada a GB, UK, BBC y MAN UTD. En adelante espero ser capaz de ofreceros vistazos breves por el ojo de una cerradura, como de pervertido en el vestuario de las animadoras, a la literatura en lengua inglesa; de Douglas Adams a H.G. Wells, de los clásicos a la vanguardia pasando por los imprescindibles, las piedras angulares de la literatura moderna y por qué no, los pestiños ejemplares que nos venden a precio de salmonete. Prometo ser un snob y un cultureta, desdeñar vuestras opiniones, contraatacar a los que osen dudar de mi criterio y todas esas cosas que en el fondo son las que dan vidilla a un blog. Por otra parte, también prometo rebuscar entre lo mejor de mi (escaso) fondo literario para mostraros y descubriros joyas ocultas y platos de sabor, si no exótico, inusual.

El primer plato, que no tiene nada de entrante, es mi idolatrado Henry Charles Bukowski. Por ponerlo en breve, si no te gusta Bukowski no eres persona. Bukowski es a la literatura lo que la sangre a una reyerta a navajazos; es, está, y deja claro qué es ser y estar. Lo frustrante de admirar a un personaje marginal, borracho, misántropo y a la vez increíblemente dotado para las letras es que nunca vas a conseguir alcanzar ninguno de sus dos extremos: ni el de la más franca y absoluta marginalidad ni el de plasmar verdades absolutas en frases tan simples y concisas como “Van Gogh se cortó una oreja/y se la dio a una puta/que la tiró extremadamente/disgustada. Van, las putas no quieren/orejas/quieren/dinero”. Seguramente Juan Manuel de Prada se retuerza de asco con este extracto del poema “Working Out”, pero la verdad es que es complicado obtener más con menos: Bukowski ofrece sensaciones en bruto, con los detalles que duelen, repugnan, y no quedan bonitos en un marco encima de la tele.

Su trayectoria poética y novelística, además de regalarnos títulos tan sugerentes como Escritos de un viejo indecente, La máquina de follar o Soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre, refleja su propia vida a través del cristal sucio de Henry Chinasky, protagonista absoluto y antihéroe de Cartero, Factótum o La senda del perdedor. Hijo de alcohólico, víctima de malos tratos y afecto de una timidez patológica en su niñez, Bukowski escupe la realidad envuelta en ácido humor ante un público adormecido al que caricaturiza constantemente, trazando arquetipos que podemos reconocer en sus ineptos y santurrones superiores en Cartero o su propia familia en La senda del perdedor. A menudo, listado entre los escritores de la generación beat, Bukowski tiene un valor añadido frente a Kerouac o Ginsgberg, por poner dos ejemplos clave del movimiento: una visión descarnada y a la vez reconocible, nada mística, de la crudeza del vivir. Es por esto que su obra destila un hedonismo salvaje, un apetito voraz por la vida, el sexo y el exceso. Es el germen y alma del realismo sucio.

Y por hoy vamos a dejarlo porque me pongo tierno. No me queda más que recomendar la lectura de Cartero como primer acercamiento a un autor que, si tenéis el buen gusto que se os supone al leer este blog, no tardareis en encumbrar por encima de vuestros Coelhos, Antonio Galas y compañía.
Por:
Antonio S. Capel

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El saludable presente de la ucronía (II)

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Viene de: El saludable presente de la ucronía (I)


Una ucronía que sigue más fielmente el molde clásico es la mencionada El sindicato de policia Yiddish, de Michael Chabon, uno de los autores más fascinantes de la literatura estadounidense contemporánea. En las novelas de historia alternativa existe siempre lo que ha sido dado en llamar "punto de divergencia", es decir el momento exacto en que la historia representada por la ficción se aparta de la que conocemos los lectores, la de "nuestro mundo"; en el caso de Auster, el punto de divergencia está en las elecciones del 2000; para El sindicato... es la aprobación de una ley que otorga a los judíos un estado independiente en Alaska, impidiendo asi la muerte de millones de seres humanos en el Holocausto y, además, ahorrándole a la Alemania Nazi sumas considerables de dinero invertidas en campos de concentración; esta nueva economía permite a Hitler derrotar a Rusia y prolongar la guerra en Europa hasta el 46, momento en que Berlín es destruida con armas atómicas.

En esta novela, así como también en la mencionada "El hombre en el castillo", los hechos históricos (de historia alternativa, mejor dicho), sirven de telón de fondo y son referidos tangencialmente en tanto memoria histórica; en La conjura contra América, de Philip Roth, por el contrario, la historia es presentada cronológicamente acompasando la vida del protagonista.

En esta novela el punto de divergencia se emplaza en 1940, con la victoria de Charles Lindbergh como candidato a la presidencia de Estados Unidos, comenzando un gobierno fascista de marcado perfil antisemita.

Estos dos modelos de ficción ucrónica, la que está ubicada en un presente alternativo y "recuerda" una historia que difiere de la nuestra a partir de un punto de divergencia, y la que acompaña el devenir histórico a través de la vida de un personaje, son paradigmáticos de la novela de historia alternativa en su tradición más clásica. Una derivación interesante de esta línea esta en lo que podríamos llamar la "ucronía difusa", en la que el punto de divergencia no está claro y nuestro mundo y el representado difieren de un modo más complejo, no siempre evidente para el lector. Este es el caso de Criptonomicón, de Neal Stephenson. Los hechos "ucrónicos" de esta ficción pueden ser fácilmente pasados por alto; sin embargo, cuando son reconocidos por el lector, la obra adquiere un perfil de mayor complejidad. Otra "ucronía difusa" podría ser la adaptación de 1995 de la tragedia Ricardo III de Shakespeare, dirigida por Richard Loncraine y adaptada por Ian McKellen, quien representa al rey Ricardo; aquí encontramos una Inglaterra fascista en los años 30s, con elementos tecnológicos dispares que ayudan a construir la sensación de "otro mundo".

Otros filmes que explotan conceptos de ucronía o historia alternativa son Back to the future 2, cuya trama implica precisamente un intento de los protagonistas por evitar el desarrollo de una línea de tiempo paralela, el documental ficticio CSA: the confederate states of america, cuyo punto de divergencia está en la guerra civil, en este caso ganada por los estados del sur, la adaptación (a estrenarse en 2009) de la célebre novela gráfica Watchmen, planteando un mundo en el que Estados Unidos ganó la guerra de Vietnam gracias a la intervención de un "superhéroe" surgido de un experimento con las fuerzas fundamentales del universo, y el homenaje a la ficción de aventura pulp Sky captain and the world of tomorrow, ubicada en un 1939 alternativo lleno de dirigibles y extrañas formas de tecnología.

Ingresando de lleno en la fantasía hay que resaltar la novela Jonathan Strange and Mr.Norrell, de Susana Clarke, una historia alternativa en la que Inglaterra fue gobernada a lo largo de la edad media por magos y hechiceros, entrando la magia en decadencia hasta su revitalización en la época victoriana. Un interés particular de esta novela es su incorporación de una extensa bibliografía apócrifa compuesta por libros de historia de la magia.

Está claro que la ucronía como subgénero narrativo goza de buena salud. Los aportes de Chabon y Roth, al nivel de los ejemplos clásicos, han vitalizado su rol especial en el campo de lo fantástico y la ciencia ficción. En el caso de Roth y Auster, el uso de estos recursos para comprometerse con una realidad política (el antisemitismo, la administración Bush) adquiere un relieve notorio. El tema fue planteado originalmente por el filósofo alemán Leibniz: ¿vivimos en el mejor de los mundos posibles? ¿En el peor? ¿En uno más entre los infinitos posibles? El comentario de Philip Dick a su propia novela El hombre en el castillo, y a su cuento ucrónico "La fe de nuestros padres", hizo historia: Si encuentran este mundo malo, dijo, deberían algunos de los otros...
Por: Ramiro Sanchiz

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El saludable presente de la ucronía (I)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Las ucronías, o ficciones de historia alternativa, tienen una larga y compleja historia y un saludable presente. Desde que comenzó a operar una legitimación a nivel intelectual y académico de la ciencia ficción (mayoritariamente gracias a la atención recibida por escritores como J.G.Ballard, Ursula LeGuin y Philip K.Dick), muchos autores de literatura general han encontrado viable la posibilidad de apropiarse de recursos y técnicas propias del género, hasta el punto en que, en los últimos años, muchas de las obras más relevantes de ciencia ficción o fantasía han sido escritas por escritores no necesariamente vinculados a este tipo de literatura.

Una mirada a cierta producción narrativa reciente vuelve especialmente subrayable el uso del concepto de ucronía como artificio generador de ficciones: es el caso de las novelas Criptonomicón (1999), de Neal Stephenson, La conjura contra América (2004), de Philip Roth, y las recientes El sindicato de policía Yiddish (2007), de Michael Chabon y Un hombre en la oscuridad (2008) de Paul Auster.

Que a este último se lo debe contar entre los innovadores de la literatura de sesgo fantástico en Estados Unidos no es ninguna novedad; Auster, sin “pertenecer” declaradamente al género, viene empleando recursos de la ciencia ficción, la fantasía, el realismo mágico y lo fantástico desde su novela El país de las últimas cosas, asi como también en su Trilogía de Nueva York y Mr.Vertigo. Un hombre en la oscuridad es su último trabajo. Nos presenta un crítico literario aquejado de insomnio que, para habitar las largas horas de la noche, comienza a contarse historias a sí mismo, imaginando un Estados Unidos alternativo en el que, tras el cuestionable resultado de las elecciones del año 2000, el estado de Nueva York se independiza de la unión generando un clima político explosivo que desemboca en una cruenta guerra civil. Esta narrativa ocupa más o menos la mitad del libro (el resto es la historia familiar del protagonista, particularmente la relación con su nieta) y se convierte tanto en su eje como en su punto de mayor interés ficcional. Si bien el mundo alternativo no está desarrollado al nivel de las grandes ucronías de la historia de la literatura contemporánea (Pavana, de Keith Roberts, que construye un mundo donde no existió la revolución industrial, y El hombre en el castillo, de Philip K.Dick, en la que las fuerzas del eje ganan la segunda guerra mundial), la agilidad narrativa de Auster convierte a esta novela en una lectura sugerente e interesante...

Continua en: El saludable presente de la ucronía (II)

Por: Ramiro Sanchiz

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Viajar sin brújula

viernes, 7 de noviembre de 2008

Muchas veces no necesitamos movernos del sofá para emprender un largo y fructuoso viaje a los confines de la tierra.

Basta con tener a mano una buena lectura que consiga que nuestra mente se deje llevar y recorra paisajes, lugares, reales o imaginarios…¿Pero quién no se ha inventado nunca un lugar perfecto para viajar? ¿Quién no ha soñado con recorrer las calles de ese libro que tanto le ha gustado y donde se ha perpetrado una bonita historia?

.- Hemos recorrido junto con Daniel Sempere la Barcelona de los años 50 en “La sombra del viento”

.- Nos hemos dejado seducir por los paisajes y vistas de la “Castilla” de Azorin.

.- Gracias al gran Julio Verne, y de la mano de sus dos protagonistas Phileas Fogg y Passepartout, recorrimos el mundo en tan solo 80 dias, conociendo ciudades como Honk Kong, Bombay o San Francisco...

.- Vivimos una historia de amor recorriendo las calles de Roma junto a Babi y Step en “Tres metros bajo el cielo”...

¿Qué viaje literario ha conseguido que sin salir del salón hayas recorrido mundo?
¿Crees que ha sido fiel a la realidad, o por el contrario, es mas bien una recreación ficticia?

Por: Tamara Martínez

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Sobre biografías

martes, 28 de octubre de 2008

Sin duda, el género biográfico es hoy día uno de los más importantes y por qué no también decirlo, comercial. De un tiempo a esta parte, a la gente le está interesando cada vez más cómo fue la vida de tal o cual personaje.

Y dentro de la amalgama de personajes de relevancia, los escritores y grandes literatos, ocupan un lugar de privilegio en los intereses de los lectores. Y es que sus vidas, casi siempre ornamentadas en presentaciones de obras, conferencias por el mundo y vidas casi siempre ajeteradas, hace de ellos un buen objetivo que fijarse para los biógrafos.

Pues bien, hoy en Literatura en Murcia, traemos a colación la próxima Biografía que se va a publicar sobre el gran Gabriel García Márquez. Más detalles en el siguiente enlace (Noticia).

Y además, se añade un video sobre las influencias que recibió Gabo en sus inicios. Esperemos que sea de su agrado.


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